¿Tu negocio no crece?
Quizás no sabes qué es tu negocio…
Hace unas semanas llegó a mi consultorio —así le llamo a mis sesiones de asesoría— un emprendedor con una pregunta que escucho con más frecuencia de la que quisiera: “No entiendo por qué mi negocio no crece.”
Lo que siguió fue una conversación que, estoy seguro, muchos dueños de negocio reconocerán. Le hice algunas preguntas básicas: ¿a qué se dedica tu negocio?, ¿a quién le vendes?, ¿qué problema le resuelves a tu cliente?, ¿qué quieres que pase con tu empresa en los próximos años? Las respuestas fueron vagas, imprecisas, a veces contradictorias. No porque fuera una persona poco inteligente o sin experiencia, al contrario. Sino porque nadie le había dicho que esas preguntas eran las más importantes que debía responder antes de abrir sus puertas, o al menos después, pero que en algún momento debía hacerlo.
El problema no era de ventas. El problema era que no tenía claro qué era su negocio.
El error que cometen la mayoría de los emprendedores
Cuando arrancamos un negocio, la energía va hacia lo urgente y en ese momento lo más importante: conseguir clientes, resolver la operación del día a día, sobrevivir el primer mes —y así, sin parar. Lo estratégico se pospone porque “eso viene después, cuando el negocio esté más estable.”
El problema es que ese momento de estabilidad raramente llega si no existe una dirección clara desde el principio. Sin ella, cada decisión se toma en función de la presión del momento, no del destino al que se quiere llegar. Y así es muy difícil crecer de manera consistente.
En los libros de administración, esto se resuelve con la misión y la visión. Dos conceptos que, en teoría, toda empresa debería tener. En la práctica, o no existen, o están escritos en una pared de la oficina sin que nadie sepa realmente qué significan o cómo aplicarlos.
Las preguntas que realmente importan
En lugar de pedirle a ese emprendedor que redactara una misión en tres renglones con lenguaje corporativo, trabajamos con preguntas concretas. Las mismas que le hago a casi todos mis clientes:
¿A qué se dedica tu negocio, en palabras simples? No la versión del currículum. La versión que le darías a un vecino en el elevador, a una persona en la calle o en el autobús.
¿A quién le vendes? No “a todo el mundo.” ¿Quién es esa persona o empresa específica que más se beneficia de lo que ofreces?
¿Qué problema o necesidad le resuelves? ¿Por qué alguien te compraría a ti y no a otra persona?
¿Qué te hace diferente? No tiene que ser algo extraordinario, pero sí tiene que ser algo real y consistente, y sobre todo algo que la gente te distinga de los demás, que sepan que ese producto o servicio tiene tu sello.
¿Qué quieres que pase con tu negocio? ¿Dónde quieres estar en tres o cinco años? ¿Qué tipo de empresa quieres construir?
Estas cinco preguntas, respondidas con honestidad, son en esencia la misión y la visión de cualquier negocio. Sin tecnicismos, sin formato de manual, pero con toda la sustancia que esos conceptos deberían tener.
Por qué esto importa más allá del papel
Cuando un negocio tiene respuestas claras a estas preguntas, algo interesante ocurre: las decisiones se vuelven más fáciles. ¿Debo contratar a esta persona? Depende de si su perfil tiene sentido con lo que quieres construir. ¿Debo lanzar este nuevo producto? Depende de si resuelve el problema de las personas a las que decidiste servir. ¿Debo aceptar este cliente que no encaja del todo? Depende de hacia dónde va tu negocio.
Sin esa claridad, cada decisión es una moneda lanzada al aire.
En el caso de ese emprendedor, al final de la sesión habíamos construido juntos respuestas concretas a cada una de esas preguntas. No fue un ejercicio académico, fue una conversación honesta sobre su negocio, sus clientes y sus aspiraciones. Y con eso sobre la mesa, el camino para retomar el crecimiento empezó a verse más claro.
Una invitación para ti
Si estás leyendo esto, te identificas, y no tienes respuestas claras a alguna de esas cinco preguntas, ese es tu punto de partida. No necesitas un consultor para hacerlas, puedes sentarte hoy con una hoja en blanco y trabajarlas. Lo que sí te recomiendo es que seas brutalmente honesto contigo mismo. Las respuestas que queremos dar y las respuestas reales a veces son muy distintas, y en esa diferencia suele estar el diagnóstico.
Y si quieres trabajarlas con acompañamiento, aquí estoy.
¿Tu negocio tiene clara su razón de ser? Cuéntame en los comentarios o escríbeme directamente —me interesa saber dónde estás parado.